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Cólico del lactante, hoy «síndrome de distrés infantil»: ¿ Qué cambió ?

July 4, 2026

Bebé recién nacido con cólicos llorando mientras un padre lo calma

Resumen. Durante décadas se habló de «cólico del lactante» para nombrar el llanto intenso e inconsolable del bebé sano. En febrero de 2026, los Criterios Roma V reemplazaron ese término por Síndrome de distrés infantil, reencuadrándolo como un trastorno de la interacción intestino-cerebro y no como un problema mecánico de «gases». El cambio no describe una enfermedad nueva: describe mejor el mismo cuadro, un proceso benigno y autolimitado que suele resolverse hacia los 3-4 meses. La clave del abordaje sigue siendo la misma: confirmarlo como diagnóstico de exclusión —descartando causas de fondo y signos de alarma— y acompañar a la familia con información y medidas de consuelo, evitando la sobre medicación.

Pocas consultas pediátricas generan tanta angustia familiar como el llanto prolongado del lactante. Durante generaciones, el término «cólico del lactante» ordenó ese fenómeno bajo una explicación de dolor abdominal por gases. La evidencia de los últimos años y, sobre todo, la revisión de los criterios diagnósticos internacionales han obligado a revisar ese marco. Con la publicación de los Criterios Roma V, en 2026, el cuadro pasa a denominarse Síndrome de distrés infantil, un cambio de nombre que refleja un verdadero cambio de paradigma en cómo se entiende y se maneja el llanto excesivo del bebé.

¿Por qué cambió el nombre?

La comprensión de este cuadro ha evolucionado durante más de setenta años, y cada etapa dejó su huella en la práctica clínica.

Año Marco Aporte principal
1954 Wessel («regla de los tres») Define el cólico como llanto de más de 3 horas al día, más de 3 días a la semana, durante más de 3 semanas.
2006 Roma III Encuadra el cólico entre los trastornos gastrointestinales funcionales de la infancia.
2016 Roma IV Desestima el umbral rígido de horas de Wessel por arbitrario y reencuadra estos cuadros como trastornos de la interacción intestino-cerebro (DGBI).
2026 Roma V Reemplaza «cólico del lactante» por «síndrome de distrés infantil».

La definición de Wessel resultó operativa pero arbitraria: no existe evidencia de que un bebé que llora 2 horas y 50 minutos al día sea distinto de otro que llora 3 horas. Roma IV desplazó por ello el foco desde el recuento estricto de horas hacia el carácter prolongado e inconsolable del llanto y su impacto sobre los cuidadores. Roma V culmina esa trayectoria: al adoptar la denominación de síndrome de distrés infantil, abandona definitivamente la idea del «cólico por gases» y sitúa el cuadro dentro de los trastornos de la interacción intestino-cerebro ya que ahora se conoce mas  sobre el tema de esta interacción a través de la microbiota intestinal y en relación a factores externos y familiares.

Qué es el síndrome de distrés infantil

El síndrome de distrés infantil —lo que hasta ahora se conocía como cólico del lactante— es el llanto o irritabilidad recurrente, prolongado y difícil de consolar de un lactante por lo demás sano, que crece y se desarrolla con normalidad. Es un diagnóstico clínico, basado en los síntomas y en la ausencia de una anomalía estructural o bioquímica subyacente.

La definición actual. Roma V lo describe como un trastorno de la interacción intestino-cerebro (DGBI): un fenómeno multifactorial en el que intervienen la maduración del eje intestino-cerebro, la microbiota, la sensibilidad visceral y factores del neurodesarrollo y del entorno familiar. No es una enfermedad; es una fase del desarrollo del lactante que se entiende, y ahora se nombra, mejor.

El marco anterior atribuía el llanto al exceso de gas o a un problema digestivo mecánico. La literatura actual no respalda esa explicación como causa del cuadro: el gas, en todo caso, podría ser un factor contribuyente, no el origen. Hoy se entiende que el sistema que procesa los estímulos molestos en el lactante todavía es inmaduro, lo que puede traducirse en umbrales más bajos y una menor capacidad para regular esas señales. A ello se suman hallazgos de inflamación intestinal de bajo grado —con calprotectina fecal elevada, que desciende conforme el cuadro se resuelve— y una composición diferente de la microbiota en algunos lactantes. Se trata, en conjunto, de un trastorno de la regulación en los primeros meses de vida, no de un dolor por gases.

Cómo se manifiesta y cómo evoluciona

El síndrome de distrés infantil tiene un curso predecible y, sobre todo, autolimitado: se resuelve por sí solo. Conocer esa trayectoria es, en la consulta, una de las intervenciones más tranquilizadoras que pueden ofrecerse a una familia.

Momento Evolución esperable
Semanas 2-3 Suele iniciarse el cuadro.
~6 semanas Pico de intensidad del llanto.
~12 semanas Resuelto en cerca del 60% de los lactantes.
~16 semanas (3-4 meses) Resuelto en aproximadamente el 90%.

Conviene ofrecer a las familias una referencia realista del llanto normal: en las primeras 6 semanas un lactante sano llora, en promedio, entre 117 y 133 minutos al día, cifra que desciende a unos 68 minutos hacia las 8-9 semanas. Es más llanto del que muchos cuidadores esperan, y sigue estando dentro de lo normal.

Es un diagnóstico por exclusión

Denominar un cuadro «síndrome de distrés infantil» es correcto solo después de verificar que el lactante está por lo demás sano. Es un diagnóstico de exclusión: en menos del 5% de los llantos excesivos existe una causa orgánica de fondo, pero precisamente por ello debe descartarse de forma activa. Una exploración completa —de la cabeza a los pies, con el pañal retirado— permite identificar causas que pueden pasar inadvertidas, como un torniquete de pelo en un dedo o en el pene, una abrasión corneal, una otitis, una infección urinaria o una fisura anal. Debemos conocer algunos signos de alarma que tienen POCO o NADA que ver con este diagnóstico y que ameritan consulta pronta.

⚠️ Signos de alarma. Requieren valoración médica sin demora:

  • Fiebre en un lactante menor de 3 meses.
  • Vómito verde (bilioso): constituye una urgencia quirúrgica.
  • Sangre en las heces o heces «en jalea de grosella».
  • Vómitos en proyectil o repetidos.
  • Decaimiento, hipotonía o escasa reactividad.
  • Fontanela abombada.
  • Escroto o ingle hinchados.
  • Llanto que aparece al tocar o movilizar al bebé.
  • Llanto inconsolable de más de 2 horas.
  • Rechazo de las tomas o ingesta escasa durante más de 8 horas.
  • Estancamiento o pérdida de peso.

Ante cualquiera de estos signos no debe asumirse que se trata de un cuadro benigno: procede una evaluación médica.

Abordaje actual

El reencuadre de Roma V no invalida lo que ya funcionaba; lo ordena. El pilar del manejo no es un fármaco, sino la información, el acompañamiento y las medidas de consuelo, sobre una base de exclusión cuidadosa de causas tratables.

Lo que se mantiene

La estrategia de referencia sigue siendo explicar, acompañar y aliviar. Explicar a la familia la naturaleza benigna y transitoria del cuadro reduce la ansiedad y la sobremedicalización. En el plano práctico, mantienen su respaldo:

  • Técnica de alimentación: posición más vertical, favorecer el eructo, evitar la deglución de aire y no sobrealimentar.
  • Medidas de consuelo: contacto piel con piel, porteo seguro, mecido suave, ruido blanco, paseos, baño tibio, chupete, masaje abdominal y reducción de la sobreestimulación.

Lo nuevo: enfoque multidisciplinar

Entender el cuadro como un trastorno de la interacción intestino-cerebro abre un abordaje más amplio, en el que la valoración de causas concretas ocupa un lugar central:

  • Alergia a la proteína de leche de vaca (APLV): el llanto aislado casi nunca se debe a APLV. Se considera cuando el manejo estándar fracasa y coexisten síntomas alérgicos (eczema, sangre en heces, síntomas digestivos) o el cuadro persiste más allá de los 5-6 meses. El diagnóstico requiere una dieta de eliminación supervisada de 2 a 4 semanas —exclusión materna de proteína de leche de vaca sin suspender la lactancia, o fórmula extensamente hidrolizada— con reintroducción obligatoria para confirmar: la mejoría con la dieta no basta por sí sola. Nunca debe realizarse por cuenta propia.
  • Probióticos: la evidencia más sólida corresponde a Lactobacillus reuteri DSM 17938, que reduce el llanto solo en lactantes amamantados; no se recomienda en alimentados con fórmula. Es una opción razonable a valorar en el contexto de lactancia materna, teniendo en cuenta que persiste cierta controversia entre guías sobre su recomendación general.

Lo que ya no se recomienda

  • Simeticona: no supera al placebo.
  • Inhibidores de la bomba de protones y antirreflujo de rutina: el llanto, la irritabilidad y el arqueo son inespecíficos y no justifican la supresión ácida.
  • Frenillo sobrediagnosticado: la frenotomía solo tiene respaldo en la anquiloglosia anterior con dificultad de lactancia real y documentada; no en frenillos posteriores ni labiales. Antes de plantear cirugía procede evaluar la posición y el agarre al pecho y ofrecer apoyo a la lactancia.
  • Hierbas, homeopatía, fórmulas sin lactosa y terapias manuales (manipulación espinal, osteopatía craneal): sin respaldo de evidencia. La diciclomina está contraindicada en menores de 6 meses.
⚠️ Nunca debe sacudirse al bebé. El llanto inconsolable es el principal desencadenante del traumatismo craneal por zarandeo. Si un cuidador se siente sobrepasado, la conducta segura es dejar al bebé en un lugar protegido —la cuna— y alejarse unos minutos para recuperar la calma. El cuidado del propio cuidador forma parte del tratamiento: el llanto que no cede genera agotamiento, ansiedad y riesgo de depresión posparto, y por ello conviene repartir turnos, aceptar ayuda y buscar apoyo profesional cuando haga falta.

Conclusión

El paso de «cólico del lactante» a síndrome de distrés infantil que introduce Roma V no es un mero cambio de etiqueta. Traduce una comprensión más precisa: un trastorno benigno y autolimitado de la interacción intestino-cerebro, no un dolor por gases. Ese reencuadre tiene consecuencias prácticas —menos remedios ineficaces, más acompañamiento y una exclusión rigurosa de causas de fondo— que benefician al lactante y a su familia. El mensaje de fondo se mantiene: ante un llanto que preocupa, la valoración pediátrica permite confirmar la benignidad del cuadro y acompañar a la familia con criterio.

Preguntas frecuentes

¿«Cólico del lactante» y «síndrome de distrés infantil» son lo mismo?

Sí. Se refieren al mismo cuadro. «Síndrome de distrés infantil» es la denominación adoptada por los Criterios Roma V en 2026; se aleja de la idea de «gases» y refleja mejor el eje intestino-cerebro. El término «cólico» se mantiene por su uso extendido.

¿Cuándo se resuelve el cuadro?

Suele iniciarse hacia las semanas 2-3, alcanza su pico alrededor de las 6 semanas y se resuelve por sí solo hacia los 3-4 meses: en cerca del 90% de los lactantes ha remitido a las 16 semanas.

¿El llanto se debe a los gases?

El marco del «cólico por gases» quedó atrás. La evidencia actual no respalda el exceso de gas como causa del cuadro. Roma V lo entiende como un trastorno multifactorial de la interacción intestino-cerebro.

¿Conviene dar simeticona u otros remedios?

La simeticona no ha demostrado superioridad frente al placebo, y varios remedios habituales carecen de respaldo o no son seguros a esta edad. Antes de administrar cualquier producto al lactante conviene consultarlo con el pediatra. Si todavía está definiendo con quién llevar el control del bebé, esta guía para elegir pediatra resume qué conviene mirar.

¿Cómo distinguir un cuadro benigno de algo más serio?

Si el lactante está por lo demás sano, crece adecuadamente y no presenta signos de alarma, lo más probable es que el cuadro sea benigno. Ante fiebre en menores de 3 meses, vómito bilioso, sangre en heces, decaimiento o rechazo de las tomas, procede una valoración médica sin demora.

¿Sirven los probióticos?

Lactobacillus reuteri DSM 17938 puede reducir el llanto, pero únicamente en lactantes amamantados; no se recomienda de forma general ni con fines preventivos. Su conveniencia se valora caso por caso.

Referencias

  1. Rome Foundation. Rome V: A Global Framework for Disorders of Gut-Brain Interaction. 2026. theromefoundation.org
  2. Lower and Biliary Disorders of Gut-Brain Interaction: Child and Adolescent (Rome V). Gastroenterology. 2026. gastrojournal.org
  3. Zeevenhooven J, et al. The New Rome IV Criteria for Functional Gastrointestinal Disorders in Infants and Toddlers. 2017. PMC5385301
  4. Infantile Colic. StatPearls (NCBI Bookshelf). 2023. ncbi.nlm.nih.gov
  5. National Institute for Health and Care Excellence (NICE CKS). Colic, infantile. 2024. cks.nice.org.uk
  6. American Academy of Pediatrics (HealthyChildren). Crying Baby — Before 3 Months Old. 2024. healthychildren.org
  7. Johnson JD, et al. Infantile Colic: Recognition and Treatment. American Family Physician (AAFP). 2015. aafp.org
  8. Sung V, et al. Lactobacillus reuteri to Treat Infant Colic: A Meta-analysis. Pediatrics. 2018. publications.aap.org
  9. American Academy of Pediatrics. Identification and Management of Ankyloglossia. Pediatrics. 2024. publications.aap.org
  10. NASPGHAN-ESPGHAN. Pediatric Gastroesophageal Reflux Guideline (Summary, rev. enero 2024). Resumen (PDF)

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Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración pediátrica individualizada.

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Escrito por: Dra. Bárbara Morales
Pediatra – Colegiado No. 12,969

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